18 de enero de 2009

LOS PATOS QUE ERAN GANSOS

El ser humano se empeña en vivir en sitios que no están destinados para él. Se ha colocado viviendas a alturas donde nunca estuvo contemplado que durmiera, comiera, hiciera el amor o sufriera. Ha conquistado territorios inhóspitos que ni siquiera los animales quieren habitar en determinadas épocas del año. Pero al ser humano eso no le importa, tiene la tecnología de su lado y es -o se cree- capaz de sobrevivir donde ninguna otra especie puede hacerlo.

Lo único que me temo aún no se puede adaptar es el espíritu humano, que en lo más profundo de su ya dormido instinto presiente que algo no está del todo bien. Eso le pasaba a Mar. Habiendo emigrado a una ciudad que su mejor amigo calificaba como "el lugar donde el invierno nace", había conseguido renovar todo su guardarropa, adaptar sus hábitos alimenticios, modificar su rutina matutina y adquirir un sinfín de gadgets que le facilitaban la vida bajo cero. Todo transcurría de forma aceptable e incluso había noches donde olvidaba que antes de éste tuvo otro hogar.

Una de tantas frías mañanas, Mar se dirigía al trabajo y observó un objeto tirado a media calle. Al acercarse un poco, sin provocar un accidente de tránsito, alcanzó a ver que se trataba de un animal alado.

-"Un pato"- se dijo, sin poder evitar una oleada de lástima invadir su ánimo.

A los cuatro días, al volver del cine, Mar vio un objeto gris inmóvil en la parte externa de un parque y supo inmediatamente de lo que se trataba. Toda la mañana siguiente la imagen de los patos muertos la acosó. Le perturbaba que no tenían la pinta de ser patos muertos de forma violenta. Los cuerpos estaban intactos, no había sangre por ninguna parte y la postura era perfectamente normal. No se atrevió a preguntar a nadie, porque en esa ciudad hasta las palabras se congelaban a menos de 30º C y si por alguna razón se equivocaba y le preguntaba a alguien que desconocía la respuesta, jamás podría volver a formular su pregunta. Por esta razón, aprovechó la hora de la comida para buscar en internet alguna cosa que le diera pistas sobre las misteriosas muertes de los patos. Al cabo de 10 minutos, encontró una referencia donde se explicaba que muchas especies de aves migran en invierno en busca de un clima mejor, aunque algunos literalmente "olvidaban" hacerlo y morían de frío.

Mar sintió una profunda tristeza. El ser humano bien podía hacer lo que quisiera, pero su fingido bienestar en un clima de -20 a -40ºc y su obstinación por continuar sus actividades como si nada pasase, había conseguido confundir a los patos y condenaba a unos cuantos de ellos a una muerte cruel y solitaria.

A veces, ante el avistamiento de un nuevo pato muerto, Mar no podía evitar preguntarse si hacía bien en vivir en un lugar donde ni los patos están a salvo, pero procuraba sacudir lo más pronto posible esa idea de su mente y proseguir en la búsqueda de una vida feliz.

Un día, Mar y un grupo de amigos se tropezaron frente a frente con una nueva víctima del clima. Una de las amigas de Mar, cubierta completamente por lo último en ropa térmica y un enorme chaquetón polar, señaló al animalito y dijo en voz alta "Miren, ¡otro ganso! Este año hay muchos".

Mar en ese momento descubrió que había estado equivocada, que no se trataba de patos sino de gansos... y eso... eso sí que no lo podía tolerar.

1 comentario:

Mariana dijo...

Aldooooonz!! Viva el cuentito de los gansipatos! Dejame decirte que ya no he visto ninguno, hand de haber removido los cuerpos. Lo que ahora veo son venados, por fin s eme hizo ver a dos vivos camino al trabajo, toda la fauna que havia visto la vi despues de que un auto o camion le paso encima buu. te quiero linda