Me acurruco en un rincón, forzosamente frío, sin ganas de emprender nada. Estoy a oscuras, como siempre me ha gustado estar, pero esta vez me escondo para no ver que el líquido que corre por mis mejillas es probablemente lo único reluciente que emana de mi ser.
No me interesa saber nada hoy. Las lágrimas por este continuo fracaso no dejan de brotar, lentamente, con la misma paciencia y tenacidad con la que me he empeñado inútilmente y día tras día en encontrarme un sitio, en ser valorada, solicitada, recurrida y ¿por qué no? remunerada.
Si esta noche tuviera tan sólo la amabilidad de durar para siempre no me tendría que volver a levantar como cada mañana: desperezando los ánimos, duchando las angustias y abrigando mis esperanzas. No tendría que tomar mi té matutino con la estúpida e inevitable sonrisa de "todo irá bien" que todos los días se posa en mis labios. No tendría que cepillarme los dientes con desesperación para ver si consigo eliminar el amargo regusto de saber que el concurso de talentos de esta vida lo he perdido. Ni siquiera se me deja llegar a eliminatorias.
Tengo frío. Tengo miedo. Me arrebujo aún más en mi rincón. No quiero dejar de llorar. Me merezco mis 15 minutos de desesperación visto que nunca tendré mis 15 minutos de gloria.
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15 de diciembre de 2009
24 de noviembre de 2009
To blog or not to blog
Últimamente le he estado dando muchas vueltas al concepto de los blogs como una ventana profesional vs. el blog como una ventana del alma. Por mucho que me guste lo de mostrar al mundo mis hondas e interesantísimas reflexiones, no dejo de pensar que me haría un favor (y tal vez se lo haría al mundo) escribiendo sobre cosas más útiles y específicas. He pensado en conservar este blog, pero abrir uno nuevo con información que de verdad le pueda servir a alguien de algo; un blog donde comparta cosas interesantes sobre mi área de conocimiento y mis intereses profesionales; un blog que, al día de hoy, se hace cada día más necesario tomando en cuenta los objetivos que me he marcado y las exigencias del mercado laboral.
También he pensado en cerrar La casa de la veleta y del reloj de sol -cuya procedencia nominal para muchos seguidores ha dejado de ser un misterio-, rescatar mi viejo diario de papel para llenar el vacío que dejaría dicho cierre y dedicarme únicamente a este nuevo proyecto bloggero.
Pero no quiero tomar la decisión sin antes preguntar a mis 4 lectores qué opinan. ¿Podrán vivir sin La casa de la veleta y del reloj de sol? ¿Sería, en realidad, un alivio el ya no tener que escribir una URL taaaan larga?
También he pensado en cerrar La casa de la veleta y del reloj de sol -cuya procedencia nominal para muchos seguidores ha dejado de ser un misterio-, rescatar mi viejo diario de papel para llenar el vacío que dejaría dicho cierre y dedicarme únicamente a este nuevo proyecto bloggero.
Pero no quiero tomar la decisión sin antes preguntar a mis 4 lectores qué opinan. ¿Podrán vivir sin La casa de la veleta y del reloj de sol? ¿Sería, en realidad, un alivio el ya no tener que escribir una URL taaaan larga?
14 de octubre de 2009
Más papista que el Papa
Estoy un tanto consternada. El otro día hablábamos en la oficina sobre algunas de nuestras series favoritas, así como de sus personajes y argumentos. Yo estaba toda contenta porque estaba segura que ellas sí entenderían mi rechazo hacia un personaje que el resto del mundo se empeñaba en defender. Una chica que, en la ficción, había decidido matar a su padre-padrastro porque maltrataba a su madre, que había huído después de cometer el crimen y roto una serie de normas sociales para sobrevivir como fugitiva. Pero eso sí, cuando algún otro personaje se comportaba ligeramente mal o de manera evasiva, la chica en cuestión no dudaba en hacerle ojos de "te pasas" y "ya no te vuelvo a hablar", para después maltratarlos psicológicamente el resto de la serie.
Mis compañeras defendían que no era para tanto, que ella era cool. Lo cual puede que sea verdad y que yo la odie porque soy una envidiosa o algo por el estilo. Pero igualmente no creí que fueran a estar en desacuerdo cuando dije que me parecía un error que los guionistas pusieran como ultra-justificable el crimen que cometió.
Cuando al exclamar fervorosamente "pero ¿no se supone que estamos en contra de la pena de muerte?" sólo obtuve como respuesta las risas de mis compañeras, me di cuenta que algo andaba mal.
¿Será que, aún siendo como soy, no me puedo relajar y entender que no pasa nada si esa chica mata a su padrastro porque es un serie y además él era "malo"? Mi cerebro no parece ser capaz de aceptar que alguien, real o no, mate a otra persona en una situación que no sea de vida o muerte o, lo que es lo mismo, en defensa propia.
Me horrorizan personajes como Dexter o el de esta chica (que todos los freakies del mundo como yo seguro ya saben quién es) que deciden quién merece vivir y quien no; cuando los veo en acción me pongo toda profunda sobre el mensaje que están dando a la audiencia, preocupándome por lo que la impresionable cultura americana puede llegar a concluir de estos ejemplos, me imagino las terribles consecuencias que puede acarrear el que alguien se sienta identificado, pienso en las generaciones futuras, veo imágenes del apocalipsis, respiro dentro de una bolsa de papel y aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!
¿Qué será: loca o visionaria? ¿Soy excesivamente cuerda o excesivamente exagerada? ¿A la Lisa Simpson que vive en mí ya se le fueron las cabras?
Voy por una bolsa de papel.
Mis compañeras defendían que no era para tanto, que ella era cool. Lo cual puede que sea verdad y que yo la odie porque soy una envidiosa o algo por el estilo. Pero igualmente no creí que fueran a estar en desacuerdo cuando dije que me parecía un error que los guionistas pusieran como ultra-justificable el crimen que cometió.
Cuando al exclamar fervorosamente "pero ¿no se supone que estamos en contra de la pena de muerte?" sólo obtuve como respuesta las risas de mis compañeras, me di cuenta que algo andaba mal.
¿Será que, aún siendo como soy, no me puedo relajar y entender que no pasa nada si esa chica mata a su padrastro porque es un serie y además él era "malo"? Mi cerebro no parece ser capaz de aceptar que alguien, real o no, mate a otra persona en una situación que no sea de vida o muerte o, lo que es lo mismo, en defensa propia.
Me horrorizan personajes como Dexter o el de esta chica (que todos los freakies del mundo como yo seguro ya saben quién es) que deciden quién merece vivir y quien no; cuando los veo en acción me pongo toda profunda sobre el mensaje que están dando a la audiencia, preocupándome por lo que la impresionable cultura americana puede llegar a concluir de estos ejemplos, me imagino las terribles consecuencias que puede acarrear el que alguien se sienta identificado, pienso en las generaciones futuras, veo imágenes del apocalipsis, respiro dentro de una bolsa de papel y aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!
¿Qué será: loca o visionaria? ¿Soy excesivamente cuerda o excesivamente exagerada? ¿A la Lisa Simpson que vive en mí ya se le fueron las cabras?
Voy por una bolsa de papel.
20 de febrero de 2009
Sueños traicioneros
Esta noche tuve uno de los sueños más perturbadores de mi vida. A quien me conozca, sabe que eso es ya mucho decir porque mi actividad onírica desde siempre ha sido excesiva e insana.
Soñé que estaba en un hospital -bastante sui generis, por cierto- porque iba a tener un bebé. Mi hermana estaba ahí por la misma razón. Era el día de su cumpleaños.
Cuando por fin mi hermana daba a luz, una enfermera me entregaba dos bebés de no más de 10 centímetros de alto cada uno. Yo iba a mostrárselos a mi madre y a mi tía que estaban en una Iglesia al aire libre, muy atentas, escuchando misa (lo cual es perturbador de por sí, tomando en cuenta que mi madre no es católica). Sostenían a los bebés un rato entre sus manos y luego me los devolvían metidos dentro de una funda de tela para celular.
Yo quería hablar con mi hermana de todo lo sucedido antes de llevarle a su bebé, así que decidía dejarlos un segundo recargados en la mesa del baño, cuidando que no se fueran a caer, y me dirigía a su habitación. Ahí comentábamos lo extraño que había resultado la coincidencia de partos (sobre todo si tomamos en cuenta que ninguna de las dos sabía siquiera que estaba embarazada) y otras cosas. Finalmente iba a buscar a los bebés, pero lo único que encontraba era una piernita de cada uno terminada en una montañita de ceniza, como cuando uno deja un cigarro abandonado por mucho tiempo.
Lo demás es imaginable. Sentimientos de culpa. Llanto. Incredulidad. Esperanza. Incriminaciones. Etcétera.
Desperté completamente trastornada. No sé qué me perturbaba más, si la horrible visión de haber perdido a mi propio hijo y al de mi queridísima hermana de una manera tan cruel y espantosa... o el hecho de por primera vez haber soñado que estaba embarazada y no sentir el pánico que eso me suele provocar, el cual normalmente es lo único que necesito para despertarme aterrada.
¿Estaré enloqueciendo o estaré madurando? Igualmente espero poder olvidar algún día las imágenes que mi inconsciente decidió poner en mi cabeza esta noche.
Soñé que estaba en un hospital -bastante sui generis, por cierto- porque iba a tener un bebé. Mi hermana estaba ahí por la misma razón. Era el día de su cumpleaños.
Cuando por fin mi hermana daba a luz, una enfermera me entregaba dos bebés de no más de 10 centímetros de alto cada uno. Yo iba a mostrárselos a mi madre y a mi tía que estaban en una Iglesia al aire libre, muy atentas, escuchando misa (lo cual es perturbador de por sí, tomando en cuenta que mi madre no es católica). Sostenían a los bebés un rato entre sus manos y luego me los devolvían metidos dentro de una funda de tela para celular.
Yo quería hablar con mi hermana de todo lo sucedido antes de llevarle a su bebé, así que decidía dejarlos un segundo recargados en la mesa del baño, cuidando que no se fueran a caer, y me dirigía a su habitación. Ahí comentábamos lo extraño que había resultado la coincidencia de partos (sobre todo si tomamos en cuenta que ninguna de las dos sabía siquiera que estaba embarazada) y otras cosas. Finalmente iba a buscar a los bebés, pero lo único que encontraba era una piernita de cada uno terminada en una montañita de ceniza, como cuando uno deja un cigarro abandonado por mucho tiempo.
Lo demás es imaginable. Sentimientos de culpa. Llanto. Incredulidad. Esperanza. Incriminaciones. Etcétera.
Desperté completamente trastornada. No sé qué me perturbaba más, si la horrible visión de haber perdido a mi propio hijo y al de mi queridísima hermana de una manera tan cruel y espantosa... o el hecho de por primera vez haber soñado que estaba embarazada y no sentir el pánico que eso me suele provocar, el cual normalmente es lo único que necesito para despertarme aterrada.
¿Estaré enloqueciendo o estaré madurando? Igualmente espero poder olvidar algún día las imágenes que mi inconsciente decidió poner en mi cabeza esta noche.
10 de febrero de 2009
El monstruo del baño
Todas las noches es lo mismo. Me olvido constantemente de no tomar agua después de cierta hora y en plena madrugada me dan ganas de hacer pis. Antes me aguantaba, pero un desagradable episodio que incluyó varias dolorosas visitas a un urólogo me persuadieron de abrir el ojo un segundito y acudir al baño cuando la necesidad apremia. Ya no me pesa levantarme y no me cuesta volver a conciliar el sueño. Todo estaría muy bien si no fuera porque a esas horas estoy completamente convencida de que "algo" me espera detrás de la puerta.
¿Pis o monstruo? ¿Pis o monstruo?
Generalmente gana el pis y me acabo levantando muerta de miedo. Aunque a veces confieso que hago un esfuerzo sobrehumano por no ir... claro que luego sueño con cascadas y ahogamientos.
Pero no importa cuántas veces me levante, ni cuántas noches vaya al baño. Al día siguiente vuelvo a estar convencida de que está ahí. Un horrible monstruo antropomorfo con cuernos. Eso cuando no es la niña del exorcista en el pasillo o Samara Morgan al doblar la esquina. Las dos juntas no, eso sí, hasta eso se turnan para esperarme.
¿Pis o monstruo? ¿Pis o monstruo?
Generalmente gana el pis y me acabo levantando muerta de miedo. Aunque a veces confieso que hago un esfuerzo sobrehumano por no ir... claro que luego sueño con cascadas y ahogamientos.
Pero no importa cuántas veces me levante, ni cuántas noches vaya al baño. Al día siguiente vuelvo a estar convencida de que está ahí. Un horrible monstruo antropomorfo con cuernos. Eso cuando no es la niña del exorcista en el pasillo o Samara Morgan al doblar la esquina. Las dos juntas no, eso sí, hasta eso se turnan para esperarme.
24 de noviembre de 2008
Mi cruz
Es lunes. Los lunes me gustan más que el fin de semana aunque les temo. En lunes estoy a salvo, ya no puedo hacer tonterías ni decir cosas de las que me arrepienta luego, pero los lunes son crueles y me traen constantemente las imágenes de lo que he hecho mal.
El lunes es el día que me arrepiento de haber tomado esa última cerveza, el día que me doy cuenta de lo pesada que fui con el pobre samaritano que me prestó su oído en aquel bar. Un recuerdo inmediato viene siempre acompañado de otros más antiguos que me hacen preguntarme constantemente ¿qué me pasa?
Bendita semana. Paso en completa soledad muchas horas y me siento protegida, casi curada de la verborrea crónica que padezco y de esa fatídica intolerancia a los silencios. Un silencio puede ser hermoso y no necesita ser llenado con impresiones febriles de una mente inestable como la mía. Sí, claro, AHORA te das cuenta, pero igualmente se te olvidará en cuanto entres en contacto con otro ser humano en un ambiente distendido. Es como los mowais cuando comen después de la media noche y les cae agua encima. A mí no se me puede sacar a pasear después de las 12 y, sobretodo, ¡no me den de beber!
Yo quisiera ser un poco más retraída, menos ¡puff! (como las palomitas de maíz). Más mmmmmmmmmmm y menos ¡puff!, en definitiva.
En México por lo menos la gente ya sabía a lo que se atenía y desviaban la conversación a los temas que les interesaba pero siento que aquí abuso de la buena voluntad y la, a veces excesiva, amabilidad de la gente. Nunca sé lo que están pensando realmente y cuando llegan los malditos lunes no puedo dejar de preguntarme si no habré hecho el ridículo y si no habré hablado más de la cuenta. Pobre de mi amado, él también debe de amar los lunes.
El lunes es el día que me arrepiento de haber tomado esa última cerveza, el día que me doy cuenta de lo pesada que fui con el pobre samaritano que me prestó su oído en aquel bar. Un recuerdo inmediato viene siempre acompañado de otros más antiguos que me hacen preguntarme constantemente ¿qué me pasa?
Bendita semana. Paso en completa soledad muchas horas y me siento protegida, casi curada de la verborrea crónica que padezco y de esa fatídica intolerancia a los silencios. Un silencio puede ser hermoso y no necesita ser llenado con impresiones febriles de una mente inestable como la mía. Sí, claro, AHORA te das cuenta, pero igualmente se te olvidará en cuanto entres en contacto con otro ser humano en un ambiente distendido. Es como los mowais cuando comen después de la media noche y les cae agua encima. A mí no se me puede sacar a pasear después de las 12 y, sobretodo, ¡no me den de beber!
Yo quisiera ser un poco más retraída, menos ¡puff! (como las palomitas de maíz). Más mmmmmmmmmmm y menos ¡puff!, en definitiva.
En México por lo menos la gente ya sabía a lo que se atenía y desviaban la conversación a los temas que les interesaba pero siento que aquí abuso de la buena voluntad y la, a veces excesiva, amabilidad de la gente. Nunca sé lo que están pensando realmente y cuando llegan los malditos lunes no puedo dejar de preguntarme si no habré hecho el ridículo y si no habré hablado más de la cuenta. Pobre de mi amado, él también debe de amar los lunes.
14 de noviembre de 2008
LA BÚSQUEDA DE LOS DIARIOS
La casa que por tantos años fue habitada por nosotros, la casa que por fin nos dio un domicilio fijo, ha sido abandonada poco a poco por sus habitantes. La última en irse será mi madre. No había caído en la cuenta que desmontar una casa puede ser muy doloroso (por la espalda, obviamente) y molesto, sobretodo si una de tus hijas ha dejado todo lo que no le cabía en dos maletas de menos de 24 kilos cada una.
Cuando pensé un poco más sobre el asunto caí en la cuenta: no me traje mis diarios de juventud a España. Mierda, mierda, mierda. Me causa terror el siquiera pensar que esos diarios pueden caer en manos de mi madre.
Cuando yo era adolescente no existían los EMO's pero desde que se inventó la adolescencia los mismos temas se han mantenido en el hit parade:
1.Me quiero morir (ya sea por desamor, malas calificaciones, peleas con amigos, etc.)
2. Odio a mi madre
3. Nadie me comprende
4. Quiero tener sexo con alguien
5. Odio a mi madre
Me preocupan especialmente el punto 2 y 5.
Obviamente, como ya he madurado (¿se acuerdan de aquel diciembre en el que dije públicamente que mi propósito de año nuevo era madurar?), ya no odio a mi madre, de hecho ya me llegó esa hora tan temida en que te empiezas a comportar EXACTAMENTE igual que tu mamá y dices las MISMÍSIMAS frases. Gracias a Dios mi mamá nunca tuvo como costumbre decir "Jesús de mi vida y yo con estos pelos". Volviendo al punto, comprendo ahora lo hermosamente complejo del carácter de mi madre y la admiro por su valor y capacidad de superar todo tipo de pruebas. Pero no creo que pudiera superar leer algunas de las cosas ahí plasmadas.
He corrido ni tarda ni perezosa a escribirle a mi hermana para que los recupere y los guarde en un sitio anti-madres, pero aún no recibo confirmación de que la misión ha sido completada.
Cuando pensé un poco más sobre el asunto caí en la cuenta: no me traje mis diarios de juventud a España. Mierda, mierda, mierda. Me causa terror el siquiera pensar que esos diarios pueden caer en manos de mi madre.
Cuando yo era adolescente no existían los EMO's pero desde que se inventó la adolescencia los mismos temas se han mantenido en el hit parade:
1.Me quiero morir (ya sea por desamor, malas calificaciones, peleas con amigos, etc.)
2. Odio a mi madre
3. Nadie me comprende
4. Quiero tener sexo con alguien
5. Odio a mi madre
Me preocupan especialmente el punto 2 y 5.
Obviamente, como ya he madurado (¿se acuerdan de aquel diciembre en el que dije públicamente que mi propósito de año nuevo era madurar?), ya no odio a mi madre, de hecho ya me llegó esa hora tan temida en que te empiezas a comportar EXACTAMENTE igual que tu mamá y dices las MISMÍSIMAS frases. Gracias a Dios mi mamá nunca tuvo como costumbre decir "Jesús de mi vida y yo con estos pelos". Volviendo al punto, comprendo ahora lo hermosamente complejo del carácter de mi madre y la admiro por su valor y capacidad de superar todo tipo de pruebas. Pero no creo que pudiera superar leer algunas de las cosas ahí plasmadas.
He corrido ni tarda ni perezosa a escribirle a mi hermana para que los recupere y los guarde en un sitio anti-madres, pero aún no recibo confirmación de que la misión ha sido completada.
7 de noviembre de 2008
NUNCA ESCRIBIRÉ UN LIBRO
Una de las razones por las que abrí este blog es porque estoy enamorada del título. Es lo que pensé sería el título perfecto para el libro que algún día escribiría. ¿Quién podría resisitirse a leer un libro que, sin estar en la sección de superación personal, se titulase "La casa de la veleta y del reloj de sol"? Me imaginaba ya sentada frente a inmensas filas de lectores encantados, firmándoles cada uno de los ejemplares que tuvieron a bien comprar.
Pero, seamos honestos, eso nunca va a pasar. Soy, como dirían en mi barrio, una "mariquita sin calzones". Para escribir algo de lo que me pudiera sentir orgullosa tendría que hacer mano de viviencias personales que superan por mucho a la ficción, tendría que inspirarme en personajes absurdos y desesperantes que todavía pululan a mi alrededor; gente que, a pesar de sus desquiciantes cualidades, quiero y soy querida por ellos.
Un libro homesto no puede censurarse y un libro "emocionalmente ascéptico" a nadie le interesa. Si no, pregúntenle a las televisoras del mundo por qué funcionan tan bien los reality shows.
Por supuesto que a este miedo de provocar la ira de mi círculo social, se le suma el miedo a escribir una basura tan grande que haga que no haya valido la pena el balconazo.
Así que no creo jamás tener el valor de lanzarme a escribir "la casa de la veleta y del reloj de sol" por los tintes autobiográficos que pretendía tener. Lo siento... no cambiaré de opinión, no traicionaré a los míos y, si es necesario, haré lo que Ringo Star y emitiré un video pidiendo a mis fans que dejen de escribirme, porque "está decidido".
No crean que el miedo a escribir una basura sin sentido me motiva a tomar tan tajante decisión, es simplemente por la protección de testigos.
Pero, seamos honestos, eso nunca va a pasar. Soy, como dirían en mi barrio, una "mariquita sin calzones". Para escribir algo de lo que me pudiera sentir orgullosa tendría que hacer mano de viviencias personales que superan por mucho a la ficción, tendría que inspirarme en personajes absurdos y desesperantes que todavía pululan a mi alrededor; gente que, a pesar de sus desquiciantes cualidades, quiero y soy querida por ellos.
Un libro homesto no puede censurarse y un libro "emocionalmente ascéptico" a nadie le interesa. Si no, pregúntenle a las televisoras del mundo por qué funcionan tan bien los reality shows.
Por supuesto que a este miedo de provocar la ira de mi círculo social, se le suma el miedo a escribir una basura tan grande que haga que no haya valido la pena el balconazo.
Así que no creo jamás tener el valor de lanzarme a escribir "la casa de la veleta y del reloj de sol" por los tintes autobiográficos que pretendía tener. Lo siento... no cambiaré de opinión, no traicionaré a los míos y, si es necesario, haré lo que Ringo Star y emitiré un video pidiendo a mis fans que dejen de escribirme, porque "está decidido".
No crean que el miedo a escribir una basura sin sentido me motiva a tomar tan tajante decisión, es simplemente por la protección de testigos.
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