22 de mayo de 2009

Vagabundo

Dentro de mis rutas peatonales habituales hay una que me obliga a pasar por o a través de un parquecito muy lindo cercano a mi casa. Ahí, sentado en la primera banca de la derecha, como si fuera una extensión más de ella, se encuentra un hombre con sombrero rastafari y barba blanca. Siempre está ahí. Acostado, sentado, de lado, de frente, pero siempre ahí.

Al principio me fijaba en él, pero luego se volvió parte del paisaje...con su carrito de la compra lleno de trastos sucios, sus abultados trapos sirviéndole de cobija o de colchón y su omnipresente sombrerito con círculos amarillo, verde y rojo.

No me fijo en él cuando está, pero si rara vez llega a faltar, le echo de menos. Dedico un par de segundos a preguntarme por qué no está ahí pero sé que volverá porque el carrito de la compra y los trapos están guardándole el sitio.

Siempre transcurre así. Excepto un día que, regresando del gimnasio, me percaté que un grupo de 5 jóvenes (probablemente universitarios porque a todos les colgaba de la espalda una abultada mochila) estaban de pie charlando alegremente con el hombre al que no sé si llamar vagabundo pues no me parece que "vague" por el mundo, ya que tiene un domicilio fijo... a la intemperie, pero fijo al final de cuentas.

El cuadro era interesante. ¿Qué le estarían diciendo? ¿Por qué se habrán acercado a él? ¿Sería parte de una asignatura en la universidad o simplemente la asignatura pendiente de altruismo que todos llevamos pero que la mayoría suspende irremediablemente? Se reían. ¿Con él? No lo sé porque lo tenía de espaldas y no le vi la cara. Aunque siempre está tan sucia que tal vez tampoco habría podido reconocer si sonreía o no.

Mi curiosidad era enorme. Quería saber qué decían y deducir los motivos ocultos de esa conversación. A punto estuve de acercarme y, desenfadadamente, decir "hey, qué tal, ¿de qué hablan?. No lo hice por miedo a parecer ridícula y entrometida, así que aparté la vista de la escena y seguí caminando. Ahora que lo pienso mejor, me doy cuenta de que pude haberme acercado tranquilamente.

Y qué si soy entrometida ¿iban a juzgarme ellos que estaban también entrometiéndose en la rutina de este hombre? ¿se enfadarían por que una desconocida quería hacerles la plática siendo que ellos lo habían hecho con MI vagabundo?

El morbo es el morbo y a diferencia de los demás derechos humanos sigue siendo el único del que todos gozamos de manera universal, sin importar sexo, raza ni religión. Pero me estoy desviando... lo importante es que no he vuelto a ver a estos chicos y que me quedé sin saber qué buscaban en nuestro territorio (del rastabundo y mío, por supuesto, no soy tan egocéntrica como para creer que yo no formo parte de SU paisaje). Nunca sabré qué le decían y por qué se le acercaron y eso... me molesta.

2 comentarios:

Mariana dijo...

No sera un Florentino Ariza atrapado en Espagna? jeje Hay gente que yo prefiero guardar como parte de mi paisaje, de escenografia en mi rutina diaria. Siento que si les hablara lo mas seguro es que se romperia el encanto y me sentiria obligada a saludar o hacer conversacion todos los dias. Hay gente que limito y me limita a una sonrisa muy leve,a veces ni unsa sonrisa y solo me queda imaginar que tuvieron un mal dia, con eso me quedo. Un beso linda, estas de pelos. tqm

Astro dijo...

No creo que sea un Florentino Ariza pero es muy interesante. Si fuera parte de mi "escenografía" como la calificas, creo que sería de los elementos más relevantes.
Gracias por el comentario!